Los tipos de vino, lo marcan cuatro sencillos parámetros en este orden de importancia: el clima, los suelos, las variedades de uvas empleadas y la mano del hombre, la tecnología. La cantidad de combinaciones, comprende la cantidad de vinos diferentes que pueden elaborarse en nuestras diferentes regiones.

Ante los múltiples tipos de vinos que puede hacerse con la combinación de todos esos parámetros, tan diferentes en las distintas regiones de España y del mundo, nos ha parecido útil agruparlos y definirlos en diez tipos.

Estos diez tipos responden a una diferenciación tecnológica concreta y rigurosa y, a la vez, a las características de cómo los percibe el consumidor y cómo puede combinarlos con los alimentos que consume, que es la forma más habitual de tomar el vino.

10 TIPOS DE VINO PRINCIPALES

VINOS GENEROSOS.

VINOS ESPUMOSOS. 

BLANCOS JÓVENES AROMÁTICOS. 

VINOS BLANCOS SECOS NATURALES. 

BLANCOS SECOS CON MADERA.. 

VINOS ROSADOS. 

TINTOS JÓVENES. 

VINOS TINTOS DE CRIANZA..

VINOS TINTOS: RESERVA Y GRAN RESERVA. 

VINOS DULCES

MOSCATELES

MALVASÍA.

PEDRO XIMÉNEZ.

      VINOS GENEROSOS

Fundamentalmente, son vinos producidos utilizando técnicas de elaboración, crianza y conservación especiales y, a veces, con tipos de uva especiales.

Tienen entre 14 y 23º y una gran amplitud de colores y aromas así como de cuerpo, estructura y expresión. Son «generosos» en su expresión y de ahí su nombre.

Los más conocidos son los de Oporto, Madeira, Marsala, Santorini, Amarillos del Jura, Tokay, etc. En España, los más prestigiosos son los de Jerez, Montilla-Moriles, Condado de Huelva, Canarias.

Generalmente, aunque no necesariamente, se utilizan vinos de base que son fortalecidos o fortificados con alcohol vínico totalmente natural hasta una graduación mínima de 15º, excepto los vinos de Montilla-Moriles que no necesitan adición de alcohol.

Los vinos generosos secos son aquellos en los que los niveles de azúcares residuales son prácticamente inapreciables.

Dentro de los vinos generosos españoles, los más frecuentes y apreciados, los podríamos reunir en tres tipos: los «finos» y «manzanillas», que se elaboran por el método de crianza biológica, bajo un velo de levaduras de flor; los vinos «olorosos», que se elaboran con intervención del oxígeno del aire (crianza oxidativa), y los «amontillados», que se elaboran por sistema mixto, primero de crianza biológica y después oxidativa.

Estos vinos habitualmente se crían por el procedimiento de soleras y criaderas, que consiste en «botas» de madera de 540-640 litros, colocadas unas sobre otras en forma piramidal. Las botas que están en la fila inferior, sobre el suelo, (soleras) contienen el vino más criado y envejecido; las de más arriba (criaderas), vinos cada vez más jóvenes, hasta la última, que contiene vino del año llamado mosto en Andalucía.

En cada embotellado (saca), se utiliza el vino de las botas de la fila de abajo y la bota se va rellenando con la misma cantidad de vino de la fila de arriba, y así sucesivamente. Por esta razón, los vinos no tienen añada, ya que son mezcla de varias.

Los «finos» y «manzanillas» son los vinos más delicados y frescos. Son de color amarillo pálido, aromáticos, con olor a frutos secos y a hierba seca y camomila y muy incisivos, secos y punzantes en el paladar. Las «manzanillas» son más delicadas que los finos y tienen, además, ciertas notas  salinas en el paladar.

Gastronómicamente, son los compañeros ideales de los aperitivos españoles y especialmente del jamón ibérico y de la caña de lomo, pero no deben limitarse a ser exclusivamente consumidos en el aperitivo, ya que van muy bien también con frituras de pescado, mariscos y quesos suaves.

Los «olorosos» son muy aromáticos y complejos, con recuerdos a frutos secos (avellanas) y de mayor intensidad de color. Los hay secos y dulces. Sus colores oscilan entre el ámbar y el caoba y tienen entre 17 y 19º

Además de beberlos con aperitivos, son idóneos para acompañar platos de carnes rojas y caza.

Los «amontillados» son los vinos más complejos (crianza biológica y oxidativa), tienen entre 16 y 180 y color amarillo muy intenso hasta colores caoba pálida.

Se pueden beber como aperitivos e igualmente sobre pescados azules, carnes blancas y quesos curados.

Existen otros vinos poco frecuentes como los «rayas», con buen cuerpo; los «cream», o los «palo cortado», que son interesantes vinos entre los amontillados y los olorosos, con mucho cuerpo y, a la vez, muy frescos y punzantes.

 

       VINOS ESPUMOSOS

Son unos vinos singulares que siempre han sido símbolo de alegría, felicidad y festejo. En su masa líquida y de forma natural, conservan anhídrido carbónico, con una presión superior a 2,5 bares. Cuando es inferior a 2,5 bares se llaman simplemente «vinos de aguja» y cuando el gas no lo tienen de forma natural sino añadido, se llaman vinos gasificados.

El vino espumoso natural más famoso en el mundo es el «champagne», producido en la región francesa delimitada de Champagne y con variedades de uvas francesas determinadas.

En realidad son vinos, dos veces vino, ya que primero se elabora un vino tranquilo de base vinificado en blanco y después a este vino, y por distintos procesos, se le somete a una segunda fermentación con lo que realiza la formación de espuma. Posteriormente y una vez eliminadas las partículas de deshecho (lías), se le añade un licor de tiraje o expedición, compuesto por vino y azúcar, en cantidades diferentes según el tipo de espumoso. Se vuelve a tapar y se somete a crianza antes de comercializarlo.

En España existen varios tipos de vinos espumosos naturales, es decir, sin adición artificial de anhídrido carbónico, y que según sea la técnica de elaboración empleada reciben nombres diferentes.

Los de mayor calidad elaborados de igual modo que los champagnes son los «cavas». Son vinos que han realizado todo su proceso de formación de espuma crianza y expedición al mercado en la misma botella. A la calidad de las uvas y del vino base del que salieron, unen todos los matices de una segunda fermentación en botella y una crianza más o menos larga según el tipo de vino (de 9 a 12 meses).

Se tapan con un corcho especial en cuya base lleva grabado una estrella de cuatro puntas.

Nacieron en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona) y se extendieron poco a poco por toda Cataluña y después por otras regiones españolas; Rioja, Álava, Navarra, Zaragoza, Almendralejo (Badajoz) y Requena (Valencia). Se agrupan bajo una especial denominación específica llamada «Denominación Específica Cava».

Otro método de elaboración de espumosos es el denominado «Grand Vas» o «Charmat» en el cual la segunda fermentación se realiza por un proceso análogo pero no en la misma botella sino en grandes envases cerrados. Después se filtra y se embotella posteriormente.

Estas botellas se tapan con tapones especiales que llevan grabado un círculo de 7 mm de diámetro.

«Transfer» es otro método de elaboración, en el que la segunda fermentación se realiza en botella y después se filtra para eliminar las lías y se lleva a otra botella.

Estos vinos se tapan con un corcho especial que lleva un círculo negro de 7 mm de diámetro.

En España, los vinos espumosos, según la cantidad de azúcar que llevan en el licor de expedición, se denominan:

Brut Nature – Sin azúcar añadida.

Extra Brut – de 0 a 6 gr, de azúcar (por litro).

Brut – de O a 15 gr/l Extra Seco – 12 a 20 gr/l Seco – 17 a 35 gr/l

Semi -seco- 35 a 50 gr/l

Dulce – más de 50 gr/l

El tapón para los espumosos es especial. Está compuesto por un grueso de aglomerado y dos discos de corcho natural que irán en contacto con el vino.

Los espumosos se sirven entre 6 y 8º. No deben enfriarse violentamente, por lo que el mejor sistema es en un cubo con agua y hielo al que se puede añadir un puñado de sal (mezcla frigorífica).

Hasta hace relativamente poco tiempo, los vinos espumosos se consumían sólo para momentos festivos y celebraciones. Afortunadamente hoy, se consumen todo el año y en cualquier momento. Son mucho más gratos en aperitivo que al final de la comida, por la presión del carbónico en el estómago.

También, y según su tipo, pueden tomarse a lo largo de toda una comida. Se puede beber un cava joven en aperitivo con frutos secos. Otro cava más maduro con primeros platos, verduras, mariscos y pescados y posteriormente un cava reserva con platos más contundentes como carnes, aves, quesos.

Por último, aún podría tomarse un cava gran reserva o un cava dulce con los postres.

 

      BLANCOS JÓVENES AROMÁTICOS

Vinos blancos, en general, son los que proceden de uvas blancas o de uvas tintas cuya pulpa no sea coloreada y que se elaboran fermentando sólo el jugo de la uva (mosto) sin las partes sólidas de la uva y del racimo, que es donde están las sustancias naturales que dan color. Tras la fermentación, se clarifican, filtran, estabilizan y embotellan.

Los blancos jóvenes aromáticos son los vinos blancos que se elaboran de forma que conserven todo el aroma primario posible y puedan beberse enseguida. Conservan sus caracteres jóvenes de acidez, ligereza, aromas a flores y a frutas, alegría y ternura.

Para ello, se eligen especialmente las uvas de que proceden y se cuida mucho su elaboración, envases, control de temperatura de fermentación etc.

Estos vinos se elaborando sólo con variedades de uvas clasificadas como aromáticas, como son la Gewürztraminer, Moscatel, Riesling, Macabeo, Parellada, etc., sino por extensión, hoy ya se incluyen en este grupo los vinos blancos, elaborados de forma que conserven al máximo sus cualidades aromáticas y características primarias.

Casi siempre se buscan en ellos una cierta y alegre acidez unida a una gran suavidad.

Estos vinos se consumen entre 7 y 90 de temperatura para poder apreciarlos mejor. Nunca muy fríos.

Son ideales para acompañar sopas de pescados, cremas, pastas, pescados ahumados, pescados a la plancha, patés, quesos de cabra frescos, etc.

 

      VINOS BLANCOS SECOS NATURALES

Son vinos blancos con más estructura que los blancos jóvenes aromáticos y buen equilibrio, acidez y alcohol, lo q hace que tarden en evolucionar y envejecer. Al hacerlo veces pierden parte de su elegancia.

En España, donde, en general, no tenemos muchos vinos  blancos aromáticos de alta calidad, sí podemos hacer vinos blancos secos naturales con muchas variedades autóctona Albariño, Godello, Macabeo, Treixadura, Airén, Verdejo, etc..

 

También se elaboran con variedades foráneas, hoy extendidas por toda la geografía vitivinícola española: Chardonnay Riesling, Sauvignon Blanc, Viognier y muchos más.

Deben beberse en sus dos primeros años, ya que después pierden parte de sus cualidades propias de su juventud y sólo excepcionalmente envejecen bien.

Se sirven entre 7 y 90 de temperatura. Son ideales para beber con embutidos, pastas condimentadas, moluscos, pescados azules, quesos de pasta blanda, etc.

 

      BLANCOS SECOS CON MADERA

Se llaman así a los vinos blancos secos naturales que han tenido algún contacto más o menos prolongado con la madera, generalmente roble, bien porque han fermentado en envases de madera o porque tras fermentar en tanques de acero inoxidable (fermentación tumultuosa) pasan a envases de madera, en donde terminan de fermentar, y a veces de criarse.

Los envases que se utilizan son de muy distintas capacidades según sean las barricas: bordelesas, de 225 1 (las más frecuentes); barricas de 500 litros o de mayor capacidad, e incluso cubas de superior volumen, hechas de diferentes tipos de madera, siendo la más frecuente el roble francés, americano o de Europa Central (hoy muy de moda) e, incluso, robles rusos.

El tiempo de permanencia en madera es muy variable en función de las variedades de uva que se empleen y las técnicas de vinificación utilizadas para la elaboración de los vinos.

Estos vinos tienen un estilo diferente al de los demás vinos blancos secos, ya que unen a sus características (zona, variedad de uva, tipo de vinificación, etc.) la personalidad e impronta de la propia madera. A la vista tienen un color más intenso, casi siempre amarillo, más o menos dorado.

En nariz, conservan aún aromas propios de la variedad de uva de que proceden, terruño y clima, unidos a los aromas típicos de la madera (vainilla y especias fundamentalmente).

En boca, son más intensos, con más cuerpo, mayor estructura y volumen.

Tienen por tanto una personalidad muy diferente a la de los demás vinos blancos. Tienen mayor vida por delante, pudiendo guardarse más tiempo y pierden, en cambio, frescura y alegría (caracteres primarios).

No todas las variedades de uvas sirven para hacer este tipo de vinos, siendo la variedad más adecuada la Chardonnay y la Aligote y, entre las españolas, la Verdejo, la Albariño y la Godello.

Se deben servir entre 9 y 12º. Se pueden consumir en aperitivo, con frutos secos, sopas contundentes, verduras, moluscos, crustáceos, cereales, pastas, pescados azules, aves y quesos.

 

 

      VINOS ROSADOS

Son los vinos que se hacen con el jugo de variedades de uvas tintas (cuyo jugo no sea coloreado) fermentado tras un leve contacto (mayor o menor, según el color deseado) con las partes sólidas (que contienen las sustancias colorantes naturales). Por eso son tan variados en la intensidad de su color, desde el «blush» (rubor), apenas coloreados, hasta colores similares a los de los vinos tintos de poco color y en una amplísima gama de matices: rosa en toda su gama, hasta el color grosella, fresa, naranja, piel de cebolla, ojo de perdiz e incluso tonos ligeramente cobrizos, dependiendo todo ello de las variedades de uvas, tipos de vinificación, etc.

Son vinos que exigen una gran tecnología en su elaboración y, en general, frágiles y delicados, difíciles de hacer y conservar.

Tienen la aromaticidad frutal y floral característica de la variedad de uva de que proceden, son mucho más ligeros que los vinos tintos y con más cuerpo y taninos que los blancos. Se dice de ellos que tienen «cuerpo de tintos ligeros y alma de blancos sabrosos».

Habitualmente se consumen jóvenes y entre 9 y 12º, nunca helados, ya que perderían su carácter frutal.

Desde el punto de vista gastronómico, se adaptan a muchos tipos de platos y muy especialmente a los platos de la cocina tradicional del Levante, como son los arroces con su acompañamiento tradicional de ali-oli, pastas, tapas de aperitivo, escabeche de pescado, charcutería, etc.

      TINTOS JÓVENES

Los  vinos tintos se obtienen por fermentación del jugo i mosto) de las uvas de variedades tintas y/o tintoreras juntamente con las partes sólidas de la uva (hollejos, pepitas, pulpa, etc.). Por lo tanto, tras vendimiarse las uvas, se llevan a la bodega y, así como en los vinos blancos se separa enseguida el jugo (mosto) de las partes sólidas del racimo y uva, en los vinos tintos se moltura (antes se pisaba) y fermenta todo junto y después se separa el vino hecho (líquido) de las partes sólidas ya fermentadas (orujo).

Posteriormente, los vinos tintos realizan habitualmente una segunda fermentación, la fermentación maloláctica (transformación del ácido maloláctico verde en el ácido láctico, mucho más grato) y siguen después los procesos técnicos habituales hasta su embotellado.

Los vinos tintos jóvenes son aquellos que se elaboran empleando la suficiente tecnología como para que los vinos obtenidos puedan consumirse en sus primeros meses de vida y, por lo tanto, con características totalmente primarias en lo que se refiere a su color, sus aromas, alegría, acidez, jugosidad de sus taninos, etc.

Los vinos tintos jóvenes tienen color rojo intenso violáceo (debido a los pigmentos rojos que contienen). En el aroma son fundamentalmente afrutados (frutas de bayas rojas frescas) y florales (flores rojas). Son alegremente acídulos, sabrosos y carnosos. Sus compuestos tánicos (cuerpo y color) son jugosos y potentes.

Generalmente, estos tintos jóvenes no pasan por madera, aunque a veces pueden tener un ligero contacto con ella (de dos a cuatro meses). Tras su clarificación, filtración y estabilización se embotellan lo antes posible para que conserven todos sus caracteres primarios. España tiene condiciones de clima y suelo muy idóneos para producir vinos tintos jóvenes (Tempranillo, Monastrell, Mencía, Garnacha, etc.) Actualmente, además, ha incorporado a sus variedades autóctonas el uso de variedades foráneas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah. etc.), que se han adaptado perfectamente a la vitivinicultura española. Los vinos tintos jóvenes deben beberse en su primer año de vida.

Su cuerpo ágil y sus aromas fáciles y fruto-florales les hacen idóneos para un gran número de platos de la cocina española, guisos de legumbres, un gran abanico de platos de bacalao, guisos de carnes, cordero, quesos semi-curados, etc.

 

      VINOS TINTOS DE CRIANZA

Los vinos tintos de crianza son hoy los vinos más consumidos en España dentro de los tintos, posiblemente porque estos están en la mejor etapa de la vida del vino en la que evoluciona, adquiere su mejor color y aroma, pule su cuerpo y estructura, se estabiliza. ..y porque tienen aún un precio adecuado.

En España, el término «crianza» está sometido a reglas y normas establecidas, envejecimiento barrica y en botella, etc..

Tanto los blancos como los rosados y tintos pueden tener crianza, pero es más frecuente en los tintos. El término crianza para el resto de países es guarda e inicio de la conservación y crecimiento del vino.

Los vinos de crianza se hacen con variedades de uva que por su composición y características evolucionen bien con el tiempo desarrollando durante el mismo todos sus caracteres organolépticos y mejorándolos.

Durante la crianza a los vinos se les producen cambios fundamentales en todos sus caracteres sensoriales produciéndoles serenidad, puliendo puntas y estrías, limando asperezas. etc.

La mejor crianza y más habitual se hace en barricas bordelesas (225 litros) de roble americano (varios tipos de americano) o francés (varios tipos) o del centro de Europa, según los tipos de vino y la elección de los enólogos, a cuidada temperatura, humedad y aireación y en el tiempo conveniente.

Las principales modificaciones durante la crianza, se perciben en el color que en el caso de los vinos tintos pierde tonos violáceos y azulados pasando primero al rojo burdeos franco y granate. En los blancos pasa del amarillo limón pálido al amarillo pajizo oro y en los rosados del fresa al naranja, pasando por el ojo de perdiz o piel de cebolla.

Los aromas van perdiendo sus notas de flores y frutas evolucionando hacia tonos de especias, maderas, dejos minerales, etc. En boca se pulen los taninos y los vinos van adquiriendo redondez.

Las variedades de uva tinta que mejor se adaptan a la crianza son: el tempranillo, graciano, merlot, cabernet Sauvignon, garnacha, etc.

Durante la crianza también se realiza una clasificación y estabilización natural de los vinos.

Terminada la crianza en madera (barrica o similar) los vinos se crían y serenan en botella tras haber sido clarificados y filtrados (no siempre) estabilizados y embotellados.

Se deben servir los crianzas entre 15 y 170 y en copas más amplias que las de los vinos jóvenes.

Pueden acompañar muchos platos de embutidos, arroces, hortalizas, legumbres, pescados ricos en grasas o pescados azules y de agua dulce, salmón fresco, trucha asalmonada, carnes estofadas, cordero, asados de aves y quesos semi curados.

 

      VINOS TINTOS: RESERVA Y GRAN RESERVA

Englobamos estos vinos en un mismo grupo ya que se trata de vinos tintos con una cierta edad y diversos grados de envejecimiento, Únicamente se emplean en España los conceptos Reserva (crianza en roble y botella durante 36 meses como mínimo, con una duración de la crianza en roble de 12 meses como mínimo) y Gran Reserva (crianza de 24 meses como mínimo en roble, complementado con un envejecimiento en botella de al menos 36 meses), que, como en el caso del crianza, está un tanto anquilosado.

Los Reservas son más complejos y sofisticados, con respecto a los Crianzas. Su color evoluciona, pierde tonos rojos vivos y va adquiriendo matices ocre y teja, ya que los pigmentos rojos que contiene el vino de forma natural van disminuyendo y apareciendo los amarillos, como síntoma del envejecimiento. En el aroma ocurre lo mismo: se van perdiendo los aromas jóvenes (primarios y secundarios) y aparecen los aromas de conservación (terciarios), dejan de percibirse los olores a flores y frutas y, en cambio, surgen aromas de madera, resinas, especias, humus, trufas… Asimismo, adquieren lo que se llama «bouquet», que es por definición el aroma de los vinos viejos. En boca, los Reservas se vuelven rotundos, amplios, cálidos, de taninos aterciopelados y modales nobles. En el postgusto son más largos y gratos produciendo, en general, más placer.

De los Grandes Reservas se podría decir todo lo dicho pero en mayor grado. Los cambios en el aroma, en el vestido, así como en el gusto y en el postgusto se acentúan aún más, siendo más complejos a la vez que elegantes. Eso sí, al sobrepasar su expresión placentera y de «cenit», llegan a la decrepitud y final de su vida, lo que, por otra parte, no es tan fácil de detectar y, sobre todo, de prever.

Los Reservas y Grandes Reservas deben consumirse entre 16 y 19º y con frecuencia ganan al ser decantados o, al menos, aireados. Los maridajes con estos vinos son amplios y sorprendentes ya que estos vinos ensalzan y enriquecen el sabor de los platos ya sean arroces, setas, legumbres, cordero asado, carnes rojas y blancas asadas, cerdo, caza, quesos curados y azules y, sobre todo, enriquecen el amplio abanico de posibilidades de nuestra rica y variada gastronomía.

      VINOS DULCES

Se engloban en este grupo todos los vinos que tienen un elevado contenido en azúcares, sean residuales después de la

fermentación (abocados, semisecos, dulces, licorosos, etc.), sean por procedimientos legales de adición de alcohol al mosto (mistelas, vinos licorosos, vinos dulces naturales), Incluso incluimos aquí los vinos de poca graduación a los que se les ha enriquecido en azúcares por diversos procedimientos (congelación de uvas en la cepa, vendimias tardías, etc.). Son vinos muy diferentes entre sí, pero todos ellos con fuerte personalidad y un destino gastronómico especial: acompañan postres, quesos azules, final de comidas o aperitivos. En España, entre los más apreciados en la actualidad, se pueden citar tres grupos fundamentales: Moscateles, Malvasías y Pedro Ximénez.

       MOSCATELES

El vino dulce moscatel se elabora a partir de las diferentes variedades de uva Moscatel extendidas por todo el mundo vitivinícola. En España se elaboran moscateles dulces de excelente calidad en Andalucía, Levante y Navarra.

En Málaga se cultiva la llamada Moscatel de Málaga, una uva de grano grueso muy aromática, extendida especialmente por la comarca del Oeste y en la Axarquía. Los moscateles dulces se obtienen deteniendo las fermentaciones mediante la adición de alcohol. Son vinos con una gran personalidad y con un estilo muy característico.

En Valencia, para la obtención de estos vinos se utiliza la uva Moscatel Romana y la Moscatel de Alejandría. Se elabora de la misma forma que los vinos dulces naturales, con una graduación mínima de 140. Son vinos de color dorado, muy brillantes, con aromas a fruta madura y notas florales.

En Alicante, la variedad de uva dominante es la Moscatel. Los vinos elaborados con esta variedad son vinos de licor, con una graduación superior a los 150, de color dorado y con un aroma muy intenso. También se elaboran moscateles jóvenes, muy afrutados, y con una graduación más baja.

En Navarra, los moscateles se elaboran a partir de la variedad Moscatel Romano, cepa de uvas muy dulces, utilizando el sistema de la vendimia tardía. Consiste en vendimiar las uvas lo más tarde posible para alcanzar la máxima concentración de azúcar. Es un sistema relativamente joven en nuestro país, pero que está dando unos magníficos resultados para este tipo de vinos. Se trata de vinos con un color amarillo brillante, con aromas afrutados, frescos y dulces. En boca resultan muy untuosos y con un buen postgusto.

Son unos extraordinarios vinos de postre, muy apropiados para la amplia repostería de nuestro país elaborada a base de huevos, miel y almendras. Durante la comida, los diferentes platos de pato y, como no, el foie, se ensalzan al consumirlos con estos tipos de vinos.

      MALVASÍA

Es una variedad de uva muy especial, extendida por un amplio número de regiones vitivinícolas. Debido a los cambios y mutaciones que ha atravesado a lo largo del tiempo, no se puede hablar de una variedad única, sino de un tronco varietal donde destacan entre otras, la Malvasía Canaria, con la que se elaboran grandes vinos.

Se deja madurar la uva en la vid y se vendimia cuando la concentración de azúcar es muy elevada, o por asoleado. Se utiliza como varietal para los vinos dulces naturales con 16º. El resultado es el vino más característico y de mayor calidad de Lanzarote.

Los vinos dulces de Malvasía producidos en las Islas Canarias son vinos blancos, untuosos, de color amarillo dorado tostado, con aromas y sabores minerales muy acusados y con bastante cuerpo.

En general, son vinos para terminar una comida. La repostería con hojaldre, la masa quebrada o los buñuelos de frutas son buenos compañeros para finalizar una buena comida.

      PEDRO XIMÉNEZ

Estos vinos dulces andaluces provienen de la variedad de uva blanca Pedro Ximénez y se distinguen por su alto contenido en azúcar. Las uvas vendimiadas se pasifican y para ello se someten a la acción del sol (asoleo), durante varios días, entre cuatro y quince, según el estado de maduración, colocándolas sobre amplias extensiones de suelo, sobre tejidos de esparto. La pérdida de agua hace muy difícil la fermentación que se suple con la adición de alcohol vínico. Por último, se someten al sistema de crianza único (criaderas y soleras).

Son vinos con un alto contenido en azúcar y de muy variable graduación (de 8 a 15º). El color puede ir de los tonos caobas a los marrones oscuros casi negros, con reflejos dorados, muy densos y concentrados.

En general, son vinos de postre. Van muy bien con los quesos fuertes tipo roquefort y cabrales, los hojaldres y los postres con crema, y sobre todo la armonía con el chocolate, es perfecta.